MARÍA ANA SANZ HUARTE (1868´1936) EN PRIMER TÉRMINO, MUJER Amelia Guibert, Eirene Editorial, 2012.
Irene Editorial es una apuesta ya
larga en éxitos de Consuelo Altable, editora y fundadora que quiso crear
una editorial presidida por valores como el amor, la consciencia y la compasión
y añadió un lema a su Editorial: “Ama la
Literatura porque leer es vivir”. La autora, de este estudio biográfico, Amelia
Guibert Navaz, compañera mía de la Universidad de Navarra, ha ejercido la
cátedra de Historia como profesora en institutos de Enseñanza Media en
Pamplona, Laredo, Vitoria y Santander y forma parte de la quinta generación de
una familia de docentes a la que pertenece la biografiada, su abuela materna, Ana
María Sanz Huarte, pedagoga y reformista social nacida en Pamplona en 1868. Su
relación familiar nos aproxima al personaje y hace que sea especialmente
oportuno este trabajo de investigación, ya que la autora añade a sus méritos
como historiadora el conocimiento de la personalidad y pensamiento de Sanz
Huarte, y aporta numerosos testimonios familiares y documentales, fotografías,
reseñas de prensa, publicaciones en revistas y referencias bibliográficas del
archivo familiar.
Ana María Sanz Huarte fue una eminente
maestra que supo aglutinar en su proyecto educativo y social a las instituciones
y a amplios sectores de la ciudadanía navarra; una mujer
singular por su capacitación intelectual como maestra de maestras y porque
desarrolló en Pamplona una labor pedagógica renovadora a través de la dirección
de la Escuela Normal y un reformismo social, muy en la línea del siglo XIX
principios del XX, en el que las instituciones benéficas, caritativas y filantrópicas
fueron instituidas y ejercidas por mujeres cultas y con fuertes preocupaciones
sociales. Actuó así Sanz Huarte y puso su pensamiento y su acción al servicio
de la sociedad navarra, provincia donde la presencia pública de la mujer ni fue
lo habitual ni era lo esperado. Debió de hacerlo eficazmente con diplomacia y
mano izquierda, ya que supo hacer colaborar con ella a la Diputación de Navarra, al Ayuntamiento de Pamplona y a sus autoridades. Irradió cultura desde la
dirección de la Escuela de Magisterio de la Plaza de San José. Su
pensamiento pedagógico, primero como profesora de Letras y posteriormente como
directora de la Escuela Normal de maestras, estuvo influido por el afán de
renovación pedagógica de la ILE, aunque, entiendo, su soporte ideológico no fue
laico, como era el de la ILE, sino cristiano. Su reformismo social siguió la estela de
Concepción Arenal, a la que Ana María cita y, aunque no lo cite, el de la
Duquesa de Mina, la otra gran filántropa del siglo XIX, ambas liberales. Sanz
Huarte mostró preocupación por mejorar las condiciones de vida de sus
contemporáneos más necesitados, mostrando particular preocupación por las
mujeres y los niños.
Los
antecedentes familiares maternos del apellido Huarte parecen condicionar su
adscripción al pensamiento liberal, ya que liberal fue su abuelo materno que
luchó con Mina, “el estudiante” y después con Francisco Espoz y Mina en la
Guerra de la independencia y en la campaña contra los absolutistas en Barcelona
en 1822; Juan Huarte, como muchos liberales, sufrió destierro en Bayona en 1823
con el triunfo del absolutismo de Fernando VII: Murió en Estella luchando en la
Guerra Carlista. Casado con la catalana Josefa Callis, también la filantropía
le viene de familia a Ana María Sanz, ya que su abuela Josefa fue mujer fuerte,
condecorada con la placa de la Cruz Roja española. El matrimonio Huarte Callis tuvo
cuatro hijos, a los hijos se debe la fundación del Colegio Huarte, un
prestigioso centro privado de Pamplona para la enseñanza de párvulos que en el
que los cuatro trabajaron, también la menor, Mercedes, la madre de Ana María
Sanz Huarte, que dirigió durante medio siglo las aulas de niñas del colegio. Si
la vocación liberal y pedagógica le viene por la rama materna, la paterna le
aporta las dotes artísticas y la pedagogía del arte, pues su abuelo paterno fue
pintor y profesor de la primera Escuela Pública de Dibujo en Pamplona,
profesión que también eligió su hijo, el padre de Ana María, Mariano Sanz
Tarazona, pintor y profesor de dibujo del Escuela Municipal que llegó a
dirigir.
La
genealogía y descendencia de Ana María es ampliamente tratada por Amelia Guibert.
Si me he entretenido en citar los orígenes liberales de los abuelos de Ana
María Sanz Huarte, es por mejor entender su obra, ya que la ilustración de la
mujer- y más en Navarra- fue poco habitual y solamente suele darse en familias
de pensamiento liberal. No sorprende así que todos los hijos del matrimonio,
incluyendo las chicas, estudiaron Pedagogía y la ejercieran. Tampoco fue
habitual la presencia de la mujer en actos institucionales públicos, como
ilustran las fotografías de que Amelia Guibert aporta.
Ana
María estudió en el Colegio Huarte de su familia y posteriormente cursó Magisterio
en Pamplona, Zaragoza y Madrid en los grados elemental, superior y normal con
la titulación de sobresaliente. Se casó a los 22 años (1890) con Teodoro Navaz
Huici, técnico de Diputación; formaron matrimonio muy bien avenido y fueron
padres de 10 hijos. Hizo compatible la maternidad de los cinco hijos primeros ejerciendo
la docencia en el colegio Huarte y preparó en Madrid las oposiciones a la Escuela
Normal de Pamplona, que ganó en 1901 ejerciendo la cátedra de Sección de Letras.
Y porque siempre contó con el apoyo marital, siguió compatibilizando su vida profesional
y privada con eficacia. Perdió el quinto
hijo, entonces el más pequeño, mientras se preparaba en Madrid para opositar a
la Escuela Normal. Ese sentimiento doloroso agudizará su sensibilidad materna, apunta
Guibert, empeñando su afán en la protección de la infancia y en evitar la
mortalidad infantil, entonces muy habitual. En 1006 ascendió a directora de la
Escuela Normal de Maestras en la Plaza de San José
Su
pensamiento como docente es coincidente con las teorías pedagógicas de la
Institución Libre de Enseñanza y de D. Francisco Giner de los Ríos en cuanto a
la reforma educativa institucionista. De corte institucionista- entiendo- son
los viajes de estudios con alumnas de la escuela a Navarra, País Vasco y
Zaragoza, la participación de Congresos educativos, el estudio y la preparación
continuada, la creación de colonias escolares y escuelas de verano, el rechazo
del lema de que la letra con sangre entra, la creación de bibliotecas volantes
y el amor a la lectura, especialmente de los clásicos españoles que potencia actuando como jurado en premios
literarios y como conferenciante en el Ateneo,
el Colegio de Médicos y asociaciones culturales. Es miembro del patronato de
honor del Ateneo de Navarra. Dice en el Ateneo:
“El
libro es el mejor amigo del hombre., silencioso cuando no se le inquiere,
elocuente cuando se le pregunta, sabio, como si jamás sin fruto se le pide
consejo, fiel que nunca vendió su consejo de quien le trata regocijado con el
alegre, piadoso con el dolorido y han humilde que nada pide ni ambiciona”
Los
actos públicos y conferencias dadas están documentados por Guibert con amplias
citas de los textos.
Como
docente su acción principal fue la educación de la mujer en la Escuela Normal
de maestras. Pasará bajo su dirección de Escuela Elemental a Superior. Inculcó,
además de la exigencia académica, la implantación de valores éticos entre sus
alumnas. Participó en dos Congresos Pedagógicos, en 1908 en Zaragoza y en 1920
en Palma de Mallorca, exponiendo en sus ponencias la educación de la mujer como
mujer y como maestra, según teorías y prácticas docentes renovadoras. Así, las
escuelas anejas de San Francisco se convirtieron en centros de renovación
educativa. En 1920 creó la Asociación de Antiguas Alumnas de la Escuela Normal,
de la que se servirá como respaldo en muchas de las obras sociales. También en
1920 es la inauguración de la biblioteca de la Escuela Normal, que albergaba
obras pedagógicas, científicas y literarias y de la que fue nombrada Presidenta
de Honor y respaldada por Diputación con poder usar el Sello con el Escudo de Armas de Navarra. De esas
mismas fechas es la creación de la Escuela de Hogar para obreras,
relacionada con la Asociación de Antiguas Alumnas de la que será
Presidenta Honoraria. Se trataba de enseñar a las mujeres obreras elementales
conceptos de instrucción, tanto de cuidados domésticos como conferencias divulgativas,
cocina, o nociones sanitarias, para que educaran y protegieran mejor a sus
hijos y tuvieran mejores condiciones de vida tanto ellas como su familia.
Apuesta
por Navarra. Todas estas iniciativas tenían amplio respaldo en la radio y prensa
local donde actúa como articulista o narradora. Muy navarra ejerciente, y como
tal defensora de las tradiciones y de la Historia de Navarra de la que era
conocedora, fue gran defensora del euskera. Consideraba que debía crearse en
las Escuelas Normales una Cátedra del Vascuence, para que las maestras pudieran
dirigirse a los niños en su lengua. Participó en el movimiento ciudadano para
su conservación y difusión y se van a crear Cátedras en el Seminario y las
Escuelas Normales, esta última sin titular hasta 1922.
Si
con la Escuela de Hogar la Escuela de Magisterio y su directora se
preocuparon por la mujer, es ahora con los niños cuando va a mostrar Sanz
Huarte su carácter de mujer madre
Influida
por Concepción Arenal, tuvo ocasión de practicar la compasión ante la
delincuencia intentando, sin éxito, impedir la pena de muerte de
un joven, Juan Gastón, empeñando todo su esfuerzo en salvarlo. Escribió una
carta a la reina Isabel II, a través del marqués de Vadillo y artículos en
prensa, involucrando a la sociedad pamplonesa. Y es que, mujer activa, no dudó
en defender sus ideas a través de cartas, artículos en prensa y actuaciones
personales. Frente a la delincuencia juvenil, entonces frecuente, formó parte
en 1923 del primer Tribunal del Menor, pues consideraba que los chicos y
adolescentes menores de 16 años no deberían ir a cárceles de adultos donde el
mal se aprende, sino a reformatorios que emprendieran con ellos una acción de
rescate, aportándoles instrucción y buenas costumbres con terapias dirigidas a
la reinserción en la sociedad a fin de sacarlos de la marginación y la pobreza.
A la falta de atención familiar de los niños, no dudó en pedir que los padres
perdieran la patria potestad, si era preciso para el bien del menor. Antibelicista, estuvo en contra de la guerra
de Africa. Miembro de la Cruz Roja,
visitaba enfermos, acudía a las cárceles y practicaba la caridad.
Esa fusión de renovación
pedagógica, de reformismo social y caridad personal - entiendo- constituye la
base del pensamiento de una mujer inmersa en las ideas pedagógicas del
liberalismo institucionista, y al mismo tiempo de la preocupación social hacia
las capas más desfavorecidas que fue compatible con una visión cristiana de la
vida. Como es sabido, la pedagogía de la
INLE se consolidó en una burguesía ilustrada laica y la acción pedagógica y reformista
de Saz Huarte estuvo dedicada a mejorar las condiciones de los desfavorecidos
sin recursos, conforme a sus creencias en un humanismo cristiano.
Uno de los grandes méritos-
entiendo - de Ana María Sanz Huarte fue conseguir el apoyo de las
instituciones, personas y colectivos a las iniciativas que se emprendieron a
través de un centro oficial, La Escuela de Magisterio. Consiguió, con
diplomacia y mano izquierda, la protección de la infancia a través de las Instituciones oficiales, o sea la Beneficencia, que es como Arenal había
llamado a la ayuda que se ejerce desde las Instituciones públicas Si a la ayuda
de Instituciones oficiales podríamos llamarle obra benéfica, también consiguió
implicar personas influyentes, a los conciudadanos pamploneses y a ella misma.
Podríamos y decir que hizo compatibles en sus iniciativas la beneficencia, la
filantropía y la caridad.
Hizo siempre uso de su tesón y su personalidad
y tenía el convencimiento de que otra sociedad mejor era posible. Fueron de su
iniciativa cuatro instituciones para los niños de las escuelas: Cantinas
escolares. Colonias escolares. Ropero escolar. Escuela de verano
Las Cantinas escolares en
1908, creadas a fin de remediar el hambre al que la pobreza reducía a los niños
fue un hito de apoyo a la infancia necesitada. De todo ello da cuenta Guibert
en esta biografía muy documentada, del éxito oficial de la inauguración, del
nombre de las personalidades asistentes al acto y del número de niños sin
recursos que pudieron beneficiarse del comedor escolar. Para ayudar a sostener las
Cantinas Escolares, escribe, hubo actos organizados becerradas,
tómbolas, muy apoyadas por la ciudadanía. En 1912 desde la Escuela de
Magisterio se promueven, con el acuerdo del Ayuntamiento y Diputación las Colonias
Escolares que llevan a niños de toda Navarra a gozar de los beneficios del
sol y para el que se solicita y se reciben apoyos económicos de particulares y
se organizan actos festivos para mantenerlos-Una tercera institución fue el
Ropero Escolar, Ropero del niño Jesús, a fin de proporcionar a los niños de
las escuelas Públicas, ropa, calzado y abrigo. Iniciativa para los niños fue
también La Escuela de Verano para que no estuviesen vagando por las calles.
En una ciudad sin Universidad, la
Escuela de Magisterio sirvió de cátedra. Entre los nombres que Amelia Guibert
cita del claustro de profesoras, figura el ilustre apellido institucionista:
Ontañón. Imaginamos que se trataría de Juana Ontañón Valiente que estuvo de
maestra en Pamplona hasta 1933, que había sido compañera de María de Maeztu,
que en esas fechas fue destinada a Madrid y después de la guerra sufrió el
exilio en México. No es extraño que la Escuela de Magisterio intentara hacer compatible
la ILE con la tradición navarra, más conservadora de pensamiento, e irradiara
cultura y buen hacer, ya que nunca Sanz Huarte tuvo problemas políticos, pese a
la conflictividad de la época, o al menos Guibert no lo apunta. Cesó Ana María
Sanz Huarte en la dirección de la Escuela de Magisterio durante la República,
aunque siguió como profesora. Las obras benéficas de las que hablamos son
anteriores al 31 y me queda la duda de saber si el catolicismo social, que era
el que practicaba Sanz Huarte, tuvo que ver en la destitución como directora, o
fue ya su edad algo avanzada, 63 años, pero nada dice Guibert del tema. Fue
entonces el director Mariano Sáez Morilla, fusilado posteriormente en la Guerra
civil, y subdirector el geógrafo Leoncio Urabayen. El claustro apoya a Ana María
Sanz Huarte, en 1934 como vicedirectora. Es miembro desde principios de siglo
del consejo Provincial de Primera
Enseñanza y profesora de Pedagogía. Profundamente
religiosa, incitaba en sus conferencias más que a prácticas pietistas a acción
social cristiana. Si bien no se opuso a la desaparición de la Religión del
currículum, se preocupó en la formación de catequistas fuera de las aulas, pues
consideró importante la educación religiosa.
FEMINISMO MATIZADO
Entiendo que su forma de entender la vida y la
mejora de la condición de la mujer no la llevó a posturas que podíamos llamar activistas
y que ella consideraba radicales, así su feminismo -entiendo – es contradictorio.
Se declara a favor de la igualdad de derechos de la mujer, por tanto, de
cambiar los artículos de los Código Civil y Penal que la discriminan; fue
partidaria de la emancipación económica de la mujer y de su derecho al trabajo;
creyó en la actuación de la mujer en la sociedad y no solo en el ámbito privado.
Pero su postura es conservadora en lo
familiar y moral– es opinión mía- y juzga con dureza alguna de lo que entiende
veleidades frívolas que, aventura, pueden suponer el abandono de lo más
fundamental en la mujer que son los hijos y la familia. Su modelo de mujer es Concepción
Arenal, a la que dedica una extensa conferencia que inaugura el ciclo de
conferencias en el Centenario de la pensadora que organiza la Escuela Normal en
1820. Es interesante saber cuales son las cualidades además de las
intelectuales, que Sanz Huarte, admira y dice deberían las mujeres, como
Arenal, que nunca abandonó a sus hijos, ser:
Dulce, casta, grave, instruida, modesta, paciente y
amorosa, trabajando en lo que es útil, pensando en lo que es elevado, sintiendo
lo que es santo, alimentando el fuego sagrado de la religión y el amor
oponiendo al misterio la fe, la resignación al dolor, y a la desventura la
esperanza”
Pensamos que fueron esas cualidades que admira
en Arenal parte del carácter que ella misma tuvo y por lo que su nieta, Amelia
Guibert Navaz, subtitula su biografía: En primer termino mujer. Fue moderna
en lo renovador de la pedagogía, activista social en su vida pública. En su
vida privada, proyectada en sus obras institucionales, quiso que las cualidades
de mujer madre cristiana y caritativa fueran ley. Vivió con alegría su
matrimonio y su maternidad, perdiendo a su marido en 1932. Hizo estudiar a sus hijos
e hijas, Teodoro, Mercedes, Carmela (novelista que firmó con el seudónimo de
Carmela Saint Martín) José María, María Juana, María Ana, Amelia, Isabel y María
Esther. En su vida privada hizo lo requerido: que la postura tradicional de una
mujer madre y esposa fueran lo más esencial de su carácter.
Como mujer inteligente es
contradictoria y no monolítica. Respecto al derecho al voto de la mujer afirma
que tiene tal derecho, pero entiende que la realidad social no es la adecuada
para ejercerlo. No lo hace con los argumentos de Kent – que serían los opuestos
en razón de que la mujer estaría supeditada a opiniones ajenas, o que no está
preparada para votar, que Sanz Huarte contradice con argumentos, pero no
considera -contradiciéndose a su misma- que estén preparadas para votar de una
manera consciente y firme, ya que sobran “mesnadas manejables y vendibles”.
La postura es contraria a la otra navarra republicana importante familiar de
Ana María, la abogada navarra Matilde Huici, miembro del Lyceum y militante
socialista (es opinión mía) Son tiempos de debate ideológico entre las propias
mujeres, cuyas posturas demuestran que la alta capacitación profesional puede
llevarlas a posturas femeninas o feministas diferentes. Si ser feminista es
luchar por la igualdad de derechos de la mujer y su inclusión en igualdad en la
sociedad, si lo es la mujer que hace avanzar el colectivo, Ana María Sanz Huarte
fue feminista, aunque matizada por una visión tradicional de la familia. Murió
rodeada del amor de los suyos en Pamplona en mayo de 1936 y hasta días antes
estuvo impartiendo conferencias y clases
El Estudio de Amelia Guibert Navaz,
hija de Amelia, apoya la biografía de su
abuela materna con textos de dicursos, citas, fotografías, reseñas, y nos
muestran a Ana María Sanz Huarte como una personalidad de mujer navarra importante
que debería ser rescatada del mutismo y el olvido. Su labor de maestra
repercutió en una nueva generación de maestros, los maestros de la República,
que trasformaron el panorama educativo de España. Y su labor social sigue
siendo un ejemplo en una Navarra hoy rica y trasformada, ante las deficiencias
que todavía asolan a las prósperas ciudades españolas y a los marginados de nuevo
cuño. Una lectura que recomiendo.