Quisiera en esta tercera entrada volver a reiterar la
capacidad de síntesis de la autora, ya que se está refiriendo a una época rica
en personalidades y en acontecimientos culturales en los que la mujer se
integra. Representa esa “Edad de Plata”, donde el protagonismo es compartido
por una minoría privilegia de de mujeres intelectuales y creativas, que se irá completando con la participación
más amplia de colectivos sociales y políticos, de derechas, de centro y de
izquierdas, encabezados por mujeres de una altura intelectual y fuerte presencia
pública.
Son voces diversas en un mundo que ha sido entreabierto por
las mujeres de segundo tercio del siglo XIX, revalidado por las escritoras de
finales del siglo y que se va a continuar al inicios del XX con Carmen de Burgos,
“Colombina”, y María Lejárraga, dos de las más reconocidas en la actualidad,
aunque María Legárraga fuera en su época “una mujer en la sombra” ,en palabras de
Antonina Rodrigo, oculta en la firma de su marido, Gregorio Martínez Sierra, a quien cedió el protagonismo, y Carmen de Burgos una de las mujeres de más presencia
pública de su tiempo.
Ambas escritoras
fueron maestras. A través de la carrera de Magisterio, algunas mujeres
sortearon las dificultades para acceder a la universidad, como lo hizo María de
Maeztu, maestra, tras cursar Filosofía en la Universidad de Salamanca y
licenciarse en Madrid. Para quien esto escribe una de las más importantes
protagonistas del crecimiento social e intelectual de la mujer. Si la abogada Clara
Campoamor abre el camino a la mujer de la participación política María de
Maeztu les facilita el camino del crecimiento intelectual para conseguir la
profesionalidad, tener un criterio propio, participar cívicamente en la
sociedad y ser un poco más dueñas de su destino.
Cuando en 1910 se abrió el
acceso de la mujer en la Universidad, algunas mujeres se matriculan en ella,
pero las chicas de provincias donde no hay universidad acuden a la de Madrid. En 1914 inaugura
una residencia la Institución Teresiana y en 1915 se abre en Madrid, bajo la
responsabilidad de la Junta de Ampliación de Estudios de la Institución Libre
de Enseñanza, también responsable de La Residencia de Estudiantes, La Residencia
de Señoritas, dirigida por María de Maeztu. A la Residencia de Señoritas
acudieron jóvenes que querían estudiar en un ambiente propicio. Inicialmente se
matriculaban en Magisterio o estudiaban cultura general y poco a poco se llenó de
chicas matriculadas en estudios universitarios, Filosofía y Letras, Derecho,
Química, Farmacia o Medicina, apoyadas por actos y cursos organizados en la
Residencia, el laboratorio Foster de Química y la biblioteca, la práctica de
deportes, actos sociales, conferencias y la colaboración del Instituto
Internacional. Las salidas al extranjero y las colaboraciones con el Instituto
internacional les proporcionaron estancias en Europa o en universidades
americanas con becas de estudios, eso hizo que las estudiantes dominaran idiomas, inglés, francés
y alemán. Las cartas publicadas de María de Maeztu con los padres de
las alumnas, muestran que en casi todos los casos la preocupación paterna por
el aprovechamiento de sus hijas, son los padres en muchos casos los que insta a
que sus hijas estudien carreras superiores, otras veces son las chicas las que
querían ser licenciadas. La lectura de las cartas cruzadas con la directora demuestra
que no es solo cosa de reivindicación de mujeres, es el impulso colectivo
social de una clase media con afán ilustrado. Los nombres de las alumnas forman
una pléyade de mujeres que posteriormente destacarán tanto en la docencia como
en la política. Aporto algún juico mío al reseñarlo.
Maeztu se implicará en la creación del Lyceum Club, en
1926, asociación de mujeres profesionales, creativas o con inquietud de
aprender lo que su educación femenina les había negado. Era de clase alta y
media, por su edad muchas estaban casadas. Entre las liceístas Carmen Baroja y
Encarnación Aragoneses, y entre las profesionales y creadoras Maruja Mallo,
Ernestina de Champorcin, Clara Campoamor, Pilar de Valderrama, Ángeles Sants. Victoria
Kent y Matilde Huici.
Las dos instituciones se crearon antes de la República, languidecen
con la guerra y dándose por finalizadas en 1939. El Lyceum tuvo hasta 1931de
presidencia honorífica a la reina Victoria Eugenia. Se considera la primera asociación
de mujeres y fue denostado, dice Santos, por la Iglesia católica y las gentes
más tradicionales que veían en la asociación un desafío al papel
tradicional de la mujer. Si bien la etapa merecería un más largo desarrollo,
dado su interés, la extensa bibliografía que publica la autora facilita ampliar lo aportado en este trabajo.
Antes de llegar al advenimiento de la II República, bajo la Dictadura
del Miguel Primo de Ribera se creó el Consejo Consultivo (1927) en el que se
nombran 12 mujeres representantes de colectivos, desde los tradicionales a los
liberales. Es el reconocimiento de los derechos políticos entre ellas María de
Maeztu, directora de la Residencia de Señoritas, Blanca de los Ríos, escritora
o María de Echauri, Teresa Luzzati, representante de Acción Católica, Carmen Cuesta,
abogada. La mujer podía acceder a ser concejala de ayuntamiento.
Pero es en la República donde las mujeres van a tener mayor protagonismo,
también político. La mujer en 1931 podía ser votada, pero no votar. La abogada
y diputada del Partido Radical, Clara Campoamor, batalló y ganó como ponente en la Cortes Constituyentes de 1931, no sin dificultades, el voto para la mujer. Hubo mujeres
afiliadas a partidos políticos y ya no sólo pudieron ser votadas sino votar. Se
considera hoy el logro mayor para las mujeres en la República, no así en su
tiempo, Clara Campoamor fue rechazada por los miembros de su propio partido.
Perdió el escaño. Surgen en esta época diversas asociaciones de mujeres, Campoamor
creó la Unión Republicana Femenina María Lejárraga encabezó la Asociación para
la Educación Cívica. Existían otras asociaciones, en 1918 se había creado la
Asociación de Mujeres Españolas y La Unión de Mujeres de España, también fue
muy numerosa La Acción Católica de la Mujer, Unión Republicana Feminista, Mujeres
Contra la Guerra y el Fascismo y otras asociaciones. Los partidos políticos crearon
sus propias asociaciones femeninas.
Al ser una época muy rica y estudiada, hay muchos trabajos
sobre esta "Edad de Plata" que Santos trae muy sintéticamente en su texto. Pueden
ampliarse, ya que “Sembrad Palabras aporta una amplia bibliografía.
Informa de revistas y editoriales donde participan un
amplio número de mujeres. Son colaboraciones con artículos de opinión, es también el tiempo
de aparición de importantes cabeceras de prensa, tanto en Madrid como en
provincias; las mujeres escriben, opinan, crean y algunas se ganan la vida con ello, como Carmen de Burgos, “Colombina” que fue
redactora y en el Universal, también en ABC y la primera mujer corresponsal de
la guerra, en la guerra con de Marruecos. Otras veces las escritoras adquieren
prestigio personal al hacerlo, Rosa Chacel y María Zambrano escribieron en la revista de Ortega y Gasset, La Revista de Occidente. Josefina Carabias, ejerció la crónica parlamentaria. Se ponen de
moda las colecciones de novela corta. la autora aporta importante información
sobre libros, editoriales y bibliotecas, fecha la inauguración del día del
libro y de la Feria de Libreo en el Retiro, y de la importancia que la República da
al libro del libro, ya que una de cuyas preocupaciones principales fue la educación
de las clases populares, enumera la formación de bibliotecas públicas y María Moliner, la traducción de
autores extranjeros, la aparición de las obras de contenido político.
El texto de Ana Santos, y su demostrada pasión y riguroso
conocimiento de los libros, nos lleva a recordar a otra autora aragonesa de igual
pasión Irene Vallejo y El Infinito en un Junco. Ana Santos parece continuar el devenir de los
libros por España, las bibliotecas, los nombres de las mujeres que los leyeron, los
escribieron; los rescata. Una historia reivindicativa por el hecho mismo de
recoger a las mujeres en su publicación, porque con los libros se construyó la identidad y
la suya es una identidad de mujer que los
leyó, los cuidó, los catalogó. Cada época pasada, para más claridad, salta a otra
más cercana, la suya. El texto es ensayo y biografía.
No he hablado yo de esa biografía suya que nos presenta, quizá
cuando lo reelabore y lo traiga, añada los rasgos en común de la época vivida, y
reflexione sobre la educación sentimental e intelectual de mujeres que han tenido que superar ideas
que le impedían llegar a ser ellas mismas.
Un buen libro