La muerte de Aitana Alberti León coincide con mi lectura de
las cartas de Maruja Mallo que, editadas por Renacimiento, acabo de comprar en la
Felia del libro de Madrid. Poco sé de Aitana, como dije en una entrada
anterior, los españoles hemos vivido de espaldas al exilio de los que se fueron.
Dicen los medios que nació en 1941 en Argentina, que estudió Ciencias Antropológica, que era poeta y que trabajó en el Centro Dulce
María Loynaz, la también poeta galardonada con el premio Cervantes 1992 con la
que se llevaba muy bien, Aitana era y divulgadora del 27 y me imagino que
nostálgica de España en Cuba, espero poder leer algo suyo. Diré que mis lecturas nunca
están condicionadas por ideologías.
El nombre de Aitana me hace recordar el lío que se montó a la
muerte del poeta Rafal Alberti por su testamento, heredado en gran parte por su segunda
esposa, Asunción Mateo; la vida tiene sus bromas
Antes que con María Teresa León, Alberti y Maruka Mallo fueron
pareja. El libro que leo incluye una carta firmada por ambos y una fotografía
de la pareja. Coinciden en la Escuela de Bellas Artes y se amaron y colaboraron
personal y artísticamente, desde 1923 a 1930, cuando Alberti conoce a María
Teresa León con la que formará nueva pareja y se desposará por lo civil en 1932. Maruja,
dice alguna de las cartas, no olvidó a Alberti, pero no se conoce ninguna
confidencia sobre su relación, guardó elegantemente silencio. María Teresa tuvo
celos de Maruja, Alberti no podía nombrarla.
Estas notas
biográficas no son cotilleo cotilleo de prensa rosa, fue importante en el proceso
creativo ya que la obra de ambos se impregnó de la forma de hacer del otro y es
la influencia surrealista de Mayo en Sobre los Ángeles y Yo era un
tonto y lo que he visto me ha vuelto dos tontos, ilustrado por Maruja Mayo sobre
los héroes del cine cómico, que publica La Gaceta Literaria, nº66,15 de
septiembre de 1929, que reproducen este texto Cartas de Maruja Mallo.
La obra de los creadores siempre lleva la huella de lo vivido,
es difícil mantenerlo el silencio.
Me gustaría leer las memorias de Aitana.
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