jueves, 2 de julio de 2026

MARUJA MALLO Y AITANA ALBERTI

 




La muerte de Aitana Alberti León coincide con mi lectura de las cartas de Maruja Mallo que, editadas por Renacimiento, acabo de comprar en la Felia del libro de Madrid. Poco sé de Aitana, como dije en una entrada anterior, los españoles hemos vivido de espaldas al exilio de los que se fueron.

 Dicen los medios que nació en 1941 en Argentina, que estudió Ciencias Antropológica, que era poeta y que trabajó en el Centro Dulce María Loynaz, la también poeta galardonada con el premio Cervantes 1992 con la que se llevaba muy bien, Aitana era y divulgadora del 27 y me imagino que nostálgica de España en Cuba, espero poder leer algo suyo. Diré que mis lecturas nunca están condicionadas por ideologías.

El nombre de Aitana me hace recordar el lío que se montó a la muerte del poeta Rafal Alberti por su testamento, heredado en gran parte por su segunda esposa, Asunción Mateo; la vida tiene sus bromas

Antes que con María Teresa León, Alberti y Maruka Mallo fueron pareja. El libro que leo incluye una carta firmada por ambos y una fotografía de la pareja. Coinciden en la Escuela de Bellas Artes y se amaron y colaboraron personal y artísticamente, desde 1923 a 1930, cuando Alberti conoce a María Teresa León con la que formará nueva pareja y se desposará por lo civil en 1932. Maruja, dice alguna de las cartas, no olvidó a Alberti, pero no se conoce ninguna confidencia sobre su relación, guardó elegantemente silencio. María Teresa tuvo celos de Maruja, Alberti no podía nombrarla.

 Estas notas biográficas no son cotilleo cotilleo de prensa rosa, fue importante en el proceso creativo ya que la obra de ambos se impregnó de la forma de hacer del otro y es la influencia surrealista de Mayo en Sobre los Ángeles y   Yo era un tonto y lo que he visto me ha vuelto dos tontos, ilustrado por Maruja Mayo sobre los héroes del cine cómico, que publica La Gaceta Literaria, nº66,15 de septiembre de 1929, que reproducen este texto Cartas de Maruja Mallo.

La obra de los creadores siempre lleva la huella de lo vivido, es difícil mantenerlo el silencio.

Me gustaría leer las memorias de Aitana.

 

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