viernes, 8 de marzo de 2019

Día de la mujer Caperucita ilustrada

A su vuelta, poco había cambiado, como si lo anterior no hubiera muerto. Creía que el panorama sería más complicado de definir de lo que parecía a simple vista, pero era obvio que lo que siempre existía era la capacidad de manipulación y el arte del trepe. Eran mafiosos

domingo, 3 de marzo de 2019

Con voz propia: Carmen Baroja II




Segunda entrada de Carmen Baroja Nessi. Me quedé con las ganas de alargar la primera entrada de Memorias.
Quizá en mi ficha breve de la primera entrada no me detuve en dos cosas que lo merecían. La primera que fueron Carmen Baroja y su cuñada Carmen Monné las que viajaron a Londres para saber cómo se organizaba un Lyceum femenino y montarlo igual en España, no fue una socia más sino una de las emprendedoras que hicieron posible en España una Asociación de Mujeres con habitación propia. Dice en sus memorias que, cuando pensó que se había politizado, se borró. Si fue la activa organizadora ¿por qué se fue? ¿por qué no se fueron las otras? Seguramente porque consideró que ya no tenía como fin lo propuesto, sino que estaba siendo mediatizado para hacer algo que no compartía, hacer política. Quizá, como dije en mi primera entrada, no era gregaria, tenía su propia forma de mirar las cosas. Pero ¿dejó de ser feminista? ¿era feminista Carmen Baroja? Creo que si. Su feminismo no acabó cuando se dio de baja en el Lyceum club porque se hubiera politizado, ni con la clausura después de la guerra del Lyceum club y el exilio de sus compañeras de actividades, Maeztu, Kent, Huici, Aragoneses. Ciertamente que hubiera sido difícil ejercer de “feminista” después de la guerra, organizando conferencias y apoyando la liberación femenina. Sabemos que cuando el Lyceum club se abrió, recibieron las mujeres liceistas todo tipo de críticas de los medios eclesiásticos y sus allegados. Cambió el signo, cambió la orientación; de ser feministas a que el espacio fuera del Círculo Cultural Medina de la Falange, que, si hacemos caso a Carmen de Zulueta, las que llegaron arramplaron con todo. 
Pero  ¿Es que Carmen no buscaba su crecimiento personal, como ser ella misma, y nunca se abandonó a frente los avatares, nunca se supeditó sino que luchó para sacar a todos a flote como madre, como hija, como esposa de un hombre moralmente derrotado? ¿No es luchar por la propia dignidad y la de todos ser feminista?¿No trataba con igual dignidad a las mujeres que frecuentaron la casa de Vera durante la guerra, a las que nunca llama muchachas de servicio, sino que las cita por su nombre con toda deferencia? Sus compañeras se exiliaron. ¿hubieran seguido la amistad después de la guerra? ¿Quizá con María de Maeztu, la desilusionada de la República y también de Franco? Sin más, se borró, pero no dice cuando ¿en el año 31?
Debí recalcar en segundo lugar su obra como mujer humanitaria que atendía a los heridos de la guerra en el hospital de Vera. Y no lo dije quizá porque ella no le daba importancia, pero la tuvo. Ser humanitario, también es ser feminista, es sentir piedad por los seres humanos y ayudarlos. Debió ser muy fuerte y compasiva para hacer de enfermera, en unas condiciones terribles y precarias. Es un rasgo de su carácter: no se da ninguna importancia, aunque la tuviera.
Los artículos que ésta publicación recogen parte de la obra intelectual de Carmen Baroja demuestran sus capacidades: tenía agilidad en la narración y curiosidad intelectual como para amenamente contar con rigor el tema tratado, también demuestra que fue de obra escasa, lo que no quita un ápice de su capacidad, sí de las circunstancias en las que vivió y que ella intentó superar, leyendo, oyendo música, viendo exposiciones, documentándose. Y es que escribir, también era una forma de ganarse el pan. Todavía hay gente que piensa que la mujer es un florero y que su trabajo no merece sustento. ¡Que los zurzan!.
Continuó en la necesidad de mujer dispuesta a saber y a entender el mundo y la cultura con su propia visión y a ser útil en la vida. Aprender más allá del método educativo con que se la educara y del que se quejaba; su obra demuestra que ese aprendizaje por su cuenta la hizo sabia, exigente, rigurosa y sencilla. Somos, al leer sus artículos, muy conscientes del gran campo de sus intereses intelectuales Casi erudición, diríamos, si no fuera porque en su caso es preferible llamarla amenidad versada.

Con voz Propia. Colaboraciones en prensa de Carmen Baroja, es publicación de Carmen Caro, nieta de Carmen Baroja Nessi que recoge la obra como articulista de su abuela. Es publicación de la editorial Caro Raggio, Madrid 2018. La publicación se presentó en el Casino Principal de Pamplona el 10 de Octubre de 2018 . Carmen Caro Jaureguialzo es licenciada en Geografía e Historia por la Universidad Complutense de Madrid y pertenece al Cuerpo Facultativo del Estado de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos. Coordinadora de los Planes Nacionales de Patrimonio Cultural y escritora. En una familia que tuvo y tiene como norma la discreción, nada dice la autora respecto a su capacitación y a su propio currículum, se presenta como nieta de Carmen. A Carmen Baroja le hubiera gustado este cambio de signo. Decía en sus “Memorias”:

Yo creía que si las mujeres, empezando por mí a quienes veía en mi propia casa, a muchas con magníficas cualidades, no éramos más inteligentes, es por nuestra falta de preparación, nuestra falta de conocimiento 
 
Objetivo cumplido El prólogo de Carmen Caro  Jaureguialzo escrito desde el conocimiento de los lazos familiares y desde la visión profesional de una estudiosa, sitúa a Baroja en el contexto donde se inscriben tanto las relaciones  de una familia excepcional como la urdimbre social donde Carmen Baroja Nessi se sitúa y confirma la excepcionalidad de una pionera en pasar a la acción feminista en la defensa del derecho de las mujeres a la educación y al desarrollo intelectual de sus facultades. En el seguimiento de las colaboraciones de su abuela, tanto en España como en Argentina existe el amor familiar y el método de la profesional contemporánea

Esta recopilación de artículos recoge los publicados en la Nación de Buenos Aires, El Español de Madrid, Destino de Barcelona, Fantasía de Madrid, artículos inéditos y cuentos y una obra de teatro. Como rasgo central, totalmente exento de petulancia, el dominio sobre el tema tratado sea histórico, artístico, etnográfico, de bibliofilia o de modas, que nunca es moda al uso sino el arte de la moda, del tejido o del hilado o los encajes. Cada artículo es un trabajo de divulgación, escrito con la amenidad y, al mismo tiempo la gran precisión de lenguaje y muestra la agilidad de una gran narradora que convierte a los personajes historicos o pictóricos o literarios de los que habla en protagonistas de una historia narrativa. Se documenta sobre la época en que se inscriben con un conocimiento enciclopédico hecho a pinceladas con lo que nunca resulta pura erudición sino que tiene la amenidad de una historia real que puede ser mítica o recreada. Se trasluce en la narración el amor a lo que cuenta, sea artístico o histórico, de España o del País Vasco, siempre muy presente en sus narraciones. Imagen de una mujer que escribía de lo que amaba, así de esmaltes, lacas, telas, encajes, música, pintura, literatura, o historias de personajes franceses, los mosqueteros, España, las tradiciones, la música. Los temas tratados en el periódico argentino La Nación de Buenos Aires imaginamos sería seguido con expectación, dado la altura del tratamiento y su amenidad. En publica Amuletos naturales, sobre el sentido mágico de los amuletos, La dama de Elche, Talismanes, El árbol sagrado Su felicidad La Reina de Palmira, Ollas y pucheros, Tadeo Gadi, Mujeres guerreras, Un asunto policiaco de hace más de cien años, Una obsesión de Goya, El gabinete verde y Los modernistas. En el Mercurio, de Barcelona Crónicas femeninas por Vera de alzate, en agosto de 1917 Las primeras crónicas de Carmen Baroja son  del año 17, tendría 19 años. Demuestran que su afán de salir del círculo cerrado empieza pronto. Son acontecimientos sociales los que cuenta, muy de la época, mostrando un interés especial por las exposiciones artísticas y por la moda, ya que siempre fue una persona preocupada por la elegancia, muy de San Sebastian y Pamplona. Utiliza seudónimo, todavía frecuente en las mujeres escritoras de principios de siglo: Vera de Alzate. Carmen escribe sobre uno de sus grandes hitos “Memorias íntimas de un teatro de cámara”, El mirlo blanco, publicado en la prestigiosa revista La Gaceta Literaria” de Giménez Caballero en 1927- fecha a destacar, cuando los poetas del 27 están preparándose para su presentación pública en el Ateneo de Sevilla. Su época más recordada, con una actividad muy interesante, también por los interesantes personajes que actuaron de faranduleros, entre otros, Azaña. Por la misma época estaba Pilar de Valderrama con su “Fantasio” y García Lorca pronto con su Barraca. Hoy quien cultiva el teatro en casa es Antonio Garrigues Walker, heredero de aquel espíritu liberal de la burguesía ilustrada y sobrino de Emilio Garrigues Diaz Cañabate, barraco. Debió ser preciosa una actividad social que nada tenía de frívola y si de creativa, dentro de una sociedad burguesa y culta. En “Ahora, Diario Gráfico” , en 1932 “Hacia una escuela de bordadoras y encajeras ( con motivo de una exposición de lenceria)” Carmen dió ideas prácticas para hacer de la artesanía una industria, en eso sigue las ideas ilustradas de “Los Amigos del País del siglo XVIII. Podríamos considerarla una precursora del “Museo del Traje”, pero un con sentido práctico, muy suyo. Escribe en una revista de su tierra, en “Mujer San Sebastian (creo yo que siempre se debió encontrar en San Sebastian más a gusto que en Pamplona) sobre modas españolas relacionadas con el arte de la artesanía popular, ensoñaciones sobre un carnet de baile encontrado, sobre la historias del romancero, sobre las novelas ejemplares de doña María de Zayas. Me sería largo y quizá excesivo hablar de cada uno de los preciosos relatos, editados e inéditos de Camen Baroja. entre los inéditos cuentos para sus hijos, historias que merecieron salir al ser escritas. Y, no me considero erudita en el tema, pero entiendo que de la literatura que yo puedo haber leído de esas mujeres de su generación, y aún en las siguientes, nadie como Carmen habla con tanto conocimiento de temas relacionados con lo más llamativo de la cultura popular y culta, aunque sean la excusa las santas Justa y Rufina cuya imagen encuentra en una taza de loza en Sevilla. Consigue así una obra divulgativa extraordinaria del patrimonio artístico español y de la historia de la cultura y el pensamiento. Si es escasa, seguro que es por las dificultades de su condición de mujer. Merece  su lectura, es muy buena.
Hay en algunos relatos de los no publicado,  los de creación, y también en el prisma con que juzga a los históricos, el punto de su vista y el carácter y la escala de valores con que vive su visión de mujer. Así lo entiendo. Acabo con una cita que   lo demuestra:

Alrededor del pilón de mármol de la fuente monumental, las flores de salvia bermeja, sobre su follaje gris, forman el dibujo de una alfombra decorativa. Encima, erguida en el alto bastón derecho de su tallo injertado, queda una rosa desafiando al viento y a los goterones de agua que envía una nube sombría.
Th´is the last of Summer left blooming alone”, canta la señora a media voz recordando la vieja y romántica canción de la Marta de Flotow.
Las hojas secas en loca carrera forman rondas y remolinos sobre la arena del camino.
- Es la vegetación que muere para volver a nacer – y piensa en ella y en sus dos espléndidos hijos”.

(Vera de Alzate : Es la última rosa del estío, “Mujer”, octubre de 1946, Nº26





domingo, 13 de enero de 2019

De la violencia


Maltrato y violencia.
1 Si te causa dolor, no te ama. Las personas que dañan son siempre tóxicas y violentas. El dolor no es un bien, ni salva; es un mal y destruye.
2 Hay violencias físicas y violencias morales. El que agrede, roba, pega, mata, denigra, abusa, viola, envidia, aisla o desprestigia, es siempre una persona tóxica. No solamente no te ama, sino que, si pudiera, te destruiría.

3 Parirás con dolor, vivirás con dolor, maldición bíblica. Lo primero ya tiene remedio, se puede parir sin apenas dolor, y no por ello se quiere menos a los hijos, todo lo contario.
¿Por que no intentar vivir sin dolor, al menos no causarlo? ¿No puede la sabiduría hacer del bienestar del bien- ser  seres más felices, más generosos y más gratificantes'¿solamente del mal puede nacer el bien? No lo creo
Ante una sensación de plenitud los seres crecemos. Más fecundos que el dolor: la bondad, la generosidad  y la sabiduría 

4 Causar dolor por el placer de causarlo, es siempre sadismo, una forma equivocada de buscar afecto y de hacerse notar. La relaciones basadas en el sadismo y el masoquismo son siempre perversas y poco gratificantes

5 Nadie debería someterse a la violencia. Pasar por la vida haciendo conscientemente daño a quien no  nos obedece es infantilismo, narcisismo y maldad pura y dura. 
No es tan importante la imagen que queremos dar , ni siquiera si conseguimos que los demás la tomen por buena. Lo importante es ser bueno, no aparentarlo. Hacer el bien a los demás, no rebajarlos para parecer grande. Y es más gratificante


lunes, 10 de diciembre de 2018

A propósito de una cita de Concepción Arenal

Estoy leyendo  la biografía  escrita por Ana Caballé, profesora titular de Literatura Española de la Universidad de Barcelona y responsable de Unidad de Estudios Biográficos (UEB) : Concepción Arenal, la caminante y su sombra. Madrid, Taurus, Juan Mach, 2018. Ana Caballé ahonda en la trayectoria biográfica de una de las más grandes figuras del siglo XIX, su periplo vital y su visión  a través de todas las obras, tanto literarias, como de pensamiento, como de ensayo considerado reformista por la sociedad de su época.  Pero sería audacia e imprudencia por mi parte intentar reflejar aunque fuera una de la mínima parte de lo que Caballé aporta, y de lo que Arenal supuso y sigue suponiendo. Necesito una lectura más reposada, ya que, advierto , una cosa es saber levemente como sabemos de oídas  quién era Arenal y otra poder alcanzar, aunque sea para contarlo, la grandeza de su pensamiento. Si se me permite la burda metáfora: es como si yo quisiera explicar a alguien que no lo ha visto, como es el alto vuelo del águila real en el firmamento, el despegue de sus alas, la velocidad, la grandeza, la fiereza, la altivez, los ojos que no se deslumbran. Me daré tiempo para contarlo, para intentarlo. Pero no resisto, porque me impactó por su profundidad, una cita aparentemente casual que Caballé toma :

"La verdadera dignidad es el respeto de si mismo, no puede hacer nada que le haga despreciable a sus propios ojos. Aunque nadie sepa, aunque nadie sospeche el fraude con que se sustrae el oro, el golpe que hiere, el veneno que mata, la calumnia que infama;aunque el mundo, engañado, honre al culpable, su dignidad se perdió con su virtud, porque, como ella, sale de las profundidades de la conciencia y no entra como un vano rumor por los oídos. El abuso de la fuerza, el de confianza, la astucia, la doblez, el engaño, la mentira, todos esos componentes del delito, repugnan al hombre digno, el cual se aparta de elos instintiva e instantaneamente, sin reflexionar, al modo que cierra los ojos cuando se acerca un cuerpo que puede causarle daño. La dignidad es un compuesto donde entran muchos componentes, pero que si es dada, suple muchas cosas y no puede ser suplida por ninguna, en ciertas circunstancias de la vida,  en algunas horas de la historia"

domingo, 9 de diciembre de 2018

Carmen Baroja Nessi:I Recuerdos de una mujer de la generación del 98,




Asistí a la presentación en Pamplona de la obra de Carmen Baroja en el Casino Principal Con voz propia. Pensé que debería escribir sobre ella, pero me asaltaba la duda de si debería empezar desde el principio, desde el día que en la Residencia de Estudiantes cené con Antonina Rodrigo y Amparo Hurtado y otra profesora ¿Varela? y la doctora Hurtado nos contó estaba trabajándolo para publicar el diario de la Baroja. El tema de la publicación del Diario me interesó por la personalidad de la biografiada y esperé a que el libro saliera. A veces ocurre que, si no estás atenta, publicaciones interesantes se agotan sin que puedas más tarde hacerte con ellas, así pasó con “Tres Barojas” que editó Pamiela y es irrencontable.

Empezaré por el principio, Recuerdos de una mujer de la Generación del 98. Barcelona, Tusquet , 1999 editado bajo la responsabilidad de Amparo Hurtado, catedrática de la Universidad Autónoma de Barcelona. ¿Quien era Carmen Baroja? Bien merecería llamarla como el segundo título de sus textos : una mujer “con voz propia”. Sus opiniones son absolutamente independientes, no se parece a nada ni a nadie. Ahora, al relerlo para subirlo al muro, siento el mismo asombro que cuando lo leí en 1999, porque Carmen Baroja era valiente en sus juicios sobre ella misma, sin un ápice de autocompasión, ni pedantería. Y era sincera en sus juicios sobre los personajes a los que conoció y con los que compartió la escena cultural de la época. Su imparcialidad desmitificadora y la desacralización de algunos, el parco y buen criterio sobre otros y su personalidad para mantener una opinión, casi siempre única y discrepante de lo que acostumbramos a leer sobre ellos, me dejaron perpleja. Esa forma tajante nada rencorosa, pero si crítica, de juzgar a personas famosas, algunas muy unidos a ella como sus hermanos Pío y Ricardo, la pedantería de algunos, la cursilería de otros, el arribismo de las y los republicanos. No se casa ni con cirios ni con troyanos, ni tan siquiera con ella misma, eso hace que resulte su punto de vista rápido, original y auténtico y desprovisto de prejuicios religiosos, políticos o sociales: Ortega, Marañón, Rivas, Azaña, Kent, Matilde Huici, Giménez Caballero, d Órs, Solana, Gómez de la Serna, Azorín, Aragoneses, Magda Donato son relaciones que a otra llenarían de vanidad, pero no a la Baroja.
El diario está escrito con posterioridad a los hechos (1943-1946) así que es interesante saber que etapas recoge y cuales las que, con un velo de misericordia o tristeza, evita.
Es una mujer cuyo sentido profundo de la vida da importancia a lo que realmente lo tiene para ella y que puede pasar de tocar el piano a cuidar cerdos. Se supone que una biografía puede utilizarse como justificación de lo que no gusta de la trayectoria propia, entonces no son al uso estos Recuerdos. Hace un balance de ella misma: “jovencita romántica, casada defraudada, egoista por pedirle a la vida más que lo que la vida le dio y al fin madre orgullosa y feliz vieja y mayor con sus hijos. No no es egoísmo ese “tedium vitae “que acusa”. Propio de la mujer del siglo XIX, es el mismo que el de las mujeres escritoras de principios de siglo, como el de una autora navarra de principios de siglo cuyo diario en este momento estudio, es la disconformidad con no poder tener un proyecto propio. Las mujeres de la burguesía eran educadas para señoritas casaderas, y educadas en música, pintura , idiomas y elegancia, así se la educó. Aunque no sea punto central esa protesta, existe la disconformidad con su falta de estudios, la despreocupación con que los suyos discriminaron con distinta vara de medir a hombres y mujeres, la moralina con que se educaba a las chicas totalmente distinta que la de sus hermanos, el egoísmo de éstos por dar por bueno el sinsentido. Mira con piedad a las casaderas y a sus madres; y hay rechazo de la situación. Tedio de vida también en un matrimonio convencional y al uso que no le dio cancha y la redujo:

Si hubiera tenido medios propios, en alguna ocasión hubiera agarrado mis hijos y me hubiera marchado, pero no tuve nunca medios, ni serví para ganar nada por falta de preparación, ni tuve coraje para intentarlo ni de soltera ni de casada. Probablemente, ha sido mejor (pg 45)

Su gusto era auténtico y la música y la pintura fueron más que una afición caminos de conocimiento que formaron en parte su carácter y, hermana pequeña, buscó en el contacto con sus hermanos ampliar el horizonte. Con Pío estuvo en París una temporada recorriendo museos y aprendiendo a desarrollar su verdadera pasión por la orfebrería, en la que llegó a ganar medallas, a pesar de que echó en falta una educación profesional que la ayudara a controlar el oficio. Con Ricardo compartió el taller y aprendió técnicas. Es 1926 etapa feliz porque participa en dos actividades que hace suyas, la creación del teatro El Mirlo Blanco en el piso de su hermano Ricardo y su mujer Carmen Monne y la fundación del Lyceum Club. La primera la sacó del aislamiento intelectual, que agudizaría más, pienso yo, su sensación de no ser comprendida ya que no fue compartida por su marido. Y la segunda fue importante para encontrar un espacio propio y darle la responsabilad de la dirigir la Sección de Arte del Lyceum club, de conocer a Luis de Hoyos, catedrático de etnografía, folklore y a artes populares de la Universidad de Madrid, y de compartir con un grupo inquieto de mujeres la necesidad de “una habitación propia”, aunque su espíritu crítico no le permit bajar la guardia con respecto a ellas, de hecho cuando consideró que se había politizado, abandonó el Lyceum. Esa fue una de las cosas que me chocaron en la primera lectura de 1999 “Yo era francamente feminista”, en pasado. Quizá, pienso yo, que el feminismo era y es un movimiento colectivo y sería difícil para una mujer no gregaria aceptar todas y cada una de las opiniones, cuando las opiniones empiezan a contrastar con las propias, ya que opina “ se ha politizado”. No está muy por la labor de que la República fuera positiva, hay palabras de compasión con respecto a la familia Real y de condena de la actitud de los nobles con respecto al Rey, también en eso va contracorriente con sus amigas del Lyceum club. Hay en los textos un rechazo de la política de la República; y en la guerra de los dos bandos en contienda, que pasa casi de puntillas, pero hace constar su condena de los modos de los requetés y de la posición de la Iglesia, a pesar de que es vascamente religiosa y respetuosa con la tradición y entierra a su madre con toda la liturgia habitual en los ancestrales formas religiosas de la vasco- navarra Vera de Bidasoa. El uso de sus manos para sembrar patatas o plantar la tierra, es narrado con la misma satisfacción de la que hablaba de su trabajo con los esmaltes o con las labores, sea trajes, encajes, reposteros, restauración de arquetas, bancos eclesiales o decoración de la casa.
Amparo Hurtado traza su biografía estructurando las etapas por las casas en que vivió, muy interesante y oportuno, porque entiendo que en esa fijación por “la casa” es la necesidad de arraigo de una mujer que yo considero esencialmente vasca. Etxeco andrel Y no lo digo por forofada – yo soy navarra pero no soy vasca- sino porque encuentro en su sobriedad, en su austeridad , en su dureza de juicio, en el sentido exquisito y selectivo de gusto por lo bello y bien hecho, en su amor a la música , en la fortaleza de su maternidad, en su prácticidad que ella misma reconoce como propio de su tierra, cualidades que me son conocidas por cercanas. La casa es uno de los símbolos más enraizados en lo vasco.
La guerra, vivida en Vera de Bidasoa, es contada con una narración objetiva y es en esa objetividad donde encontramos el horror de lo vivido, aunque no lo adjetive.
De vuelta a Madrid, la vida de Carmen Baroja, quizá ya no es tediosa, se siente útil: La compasión por su marido, reconstruir la casa, hacerla habitable, lidiar con la precaria economía de la posguerra, sentirse necesaria. Su crítica se extiende a la rapiña de los nuevos conquistadores que arrasan lo anterior. Vieja y viuda es feliz. Su felicidad son sus sus hijos, es sabido que estuvieron muy unidos a su madre, no solamente por amor sino por los vasos comunicantes de las propias aficiones, profesiones y gustos; compartían su fe en el Arte y la Ciencia, estaba orgullosa de ellos. Las ambiciones que decía tener de jovencita ya nada importaban. Nada dice Carmen Baroja de sus colaboraciones literarias. Al casi final de su vida habla de la trayectoria de sus hijos, Julio, del que se siente orgullosas y de Pío, el chico. Luego hemos sabido también  que su vida intelectual se hizo constante y prolongada. El balance de una vida, escrita con agilidad barojiana, es el de una mujer inteligente, curiosa, luchadora, profunda, culta, refinada, práctica.
La responsable del estudio, Amparo Hurtado, respetuosa con los textos, añade aclaraciones y notas y hace un resumen de la vida y también de la época cultural en que Baroja se inscribe. Añade una oportuna y breve biografía de las personas citadas. Mi balance: Muy interesante, un buen trabajo de la doctora Hurtado y un texto imprescindible para los que buscamos entender las razones humanas a través de los notables protagonistas de su época, en este caso el 98 femenino.

jueves, 18 de octubre de 2018

DOMINGO 11-7-1852: Las mujeres escritoras



Creo que mucho ha cambiado la posición de la mujer, aunque incomprensiblemente, pese a la educación que pedían algunas bravas pioneras y que es un hecho hoy,  sigue existiendo un placaje, y también menosprecio, en los juicios que algunos "intelectuales" hacen sobre su valoración de la mujer escritora ¿Sería posible un ME TOO  literario? Seguro que si. Pero no es el blog lugar para ajustes de cuentas. Pienso que un intelectual no bloquea, sino que crece y se divierte con otro que ofrezca una visión distinta; y que solo los mediocres, o los egocéntricos, o los narcisistas  invaden, bloquean, agreden y menosprecian- y copian- las visiones ajenas. Una cosa es la competitividad y otro que se utilice desde la superioridad inexistente del sexo. No existe. Escritores hay mucho más blandos e inanes, la fortaleza lingüistica y literaria y la capacidad de ahondar y de expresar no es atributo del sexo.


Mundo Cane. Pero vayamos al texto de 1852



 Domingo 11 julio 1852


LAS MUJERES ESCRITORAS

La vida literaria sobrepuja por sus emociones y sus luchas las fuerzas de la mujer


Existe una prevención reconocida hasta por los países más privilegiados contra las mujeres literatas, o por otro nombre marisabidillas, etc.

Esta presunción, por desgracia general, ha arredrado a muchas en la carrera de la literatura. El temor de la crítica del público ha cortado no pocas veces los vuelos al genio general; pero las más se ha estrellado contra ese eterno anatema que sin cesar fulminan los hombres sobre las que, sin arredrarnos por los obstáculos que embarazan de continuo la escabrosa marcha que seguimos, tratamos de sostener a todo trance con la pluma nuestros desatendidos derechos. Hombres hay que no tomarían por esposa una mujer de reconocido renombre literario por cuanto oro reproducen las californias. Razones mil podríamos aducir en contra de tan absurda preocupación, pero nos abstendremos muy bien de hacerlo, tanto porque ya se han tomado este trabajo plumas más autorizadas que la nuestra cuanto porque, al ofrecer al público los primeros rasgos del genio femenil, hemos previsto los inconvenientes que acarrea la vida literaria, y el ya citado, por carecer absolutamente de importancia para nosotras, no nos hará cejar ni un ápice el propósito que nos guía. Pasaremos pues a tratar bajo otro punto de vista la cuestión.

Es ciertamente en los hombres una crueldad inaudita censurar de continuo a las que después de cumplir las obligaciones que nos imponen nuestro sexo y estado cultivamos las letras; ocupación que, si bien miramos como un objeto de recreo a las tareas domésticas, es la carrera en que emplean su vida muchos de ellos. Si fueran imparciales ¿no confesarían francamente que nuestra conducta es más digna de elogio que de vituperio? Preciso es alegar, en nuestro abono, señores, que si tal prevención abrigáis contra nosotras es porque sois testigos de eso que llamáis nuestros triunfos y no presenciáis nuestros afanes ¿Imagináis tal vez que al lanzarnos a la arena literaria recorremos una senda tapizada de flores y embalsamada de perfumes, y que llueven a nuestros pies coronas de laurel pero para ceñirlas no tenemos más trabajo que colocarlas en nuestras cabezas? Ah! Dirigid una ojeada rápida a nuestra vida, seguid nuestros pasos y presto saldréis de vuestro error.

Vednos volver a horas avanzadas de la noche del teatro, las sociedades, ect. Y, en vez de entregar el espíritu en manos del sueño, ocuparnos en ojear pesados libros cuyo solo aspecto haría horripilar a más de una de nuestras amabilísimas doctoras. Vednos en los parajes públicos que frecuentamos, y en el retiro de nuestro gabinete, cercenando el tiempo a las distracciones y al descanso para atender alas multiplicadas obligaciones que sobre nosotros pesan. Pero no, no os toméis tan pesado trabajo; fijad una mirada en el semblante de la más modesta escritora, y un ligero examen lo explicará todo. Sus ojos rodeados de azulados círculos, su frente, prematuramente surcada, y su presencia abatida ¿no os revela que pasa tal vez largas horas de insomnio, que el pensamiento devora su mente, y que los vanos tiempos del orgullo no son susceptibles de recompensar los afanes que consumen su existencia? ¿Por qué pues en vez de criticarnos no os ocupáis de compadecernos? ¿No os lastima vernos agobiadas al empezar a vivir?¿No os conmueve vernos hacer esfuerzos sobre nuestra propia flaqueza?¿Y qué nos decís de las emociones, la zozobra y la continua lucha que acarrea una vida expuesta siempre al fallo de una sociedad que, aunque galante en la apariencia, suele ser en el fondo exigente? ¿Y que decís de las privaciones y molestias que aunque soportadas con gusto nos impone nuestra cualidad de escritoras? ¡Cuantas veces ahogando los dolores del alma nos vemos obligadas a dar tortura a la imaginación para cumplir los compromisos que los amigos exigen a nuestra pluma ¡¡Cuantas también olvidando nuestras físicas dolencias abandonamos el lecho para pesadas tareas, porque reclaman nuestra firma los periódicos que redactamos!

Pero nada de esto os detenéis a examinar, señores; quemáis en aras de vuestro orgullo el incienso de la adulación y decís por eso que no hacemos más que hacinar laureles. Y cuanto os equivocáis. Al elevar nuestro acento, ya en verso, ya en prosa, no solo cumplimos el deber que nos hemos impuesto de defender los intereses de las mujeres, si es que al propio tiempo rendimos un tributo de gratitud al Supremo Hacedor. ¿Para qué puso la pluma en nuestra mano y enriqueció nuestra mente con el estro divino de las Safo, las Teresa, las Sigeas? Nada en el vasto imperio de la naturaleza nace sin objeto: todo está previsto por su creador. Si todas las flores fueran iguales cansaría su perfume, no podrían servir para los diferentes usos a los que las destina, y los prensiles presentarían un aspecto monótono. Si todas las mujeres fueran escritoras muchos hombres no sabrían en que ocuparse y el mundo sería una confusión. Dios al crear débil aquel ser hizo algunas excepciones, y repartió en todas los países mujeres que alzaran la voz en nombre de la mitad del mundo; y su acento sonoro, resonando con poderoso eco en la otra mitad, ha sido y será legado de la posteridad de unas y en otras generaciones.

¿Por qué pues queréis que desaprovechemos el rico tesoro que con mano previsora nos prodigara la Providencia? ¿Por qué queréis que desatendamos la más sagrada obligación? ¿Tenemos que luchar a cada paso con insuperables obstáculos? ¿Nos faltan talentos para llevar a cabo la colosal empresa de mejorar nuestra suerte presente y futura? ¿Tenemos que luchar a cada paso con insuperables obstáculos? Nada importa. Ánimos decididos como los nuestros no se arredran ante ningún tipo de escollos, pues tienen presente que de la constancia es el premio.

Acérrimas defensoras de nuestro sexo, mucho podríamos hacer en pro de él si las facultades del entendimiento igualaran la firmeza de nuestra voluntad: esta suplirá nuestra insuficiencia; pero aún cuando un éxito feliz no coronara nuestros esfuerzos, nos acompañaría la satisfacción de haber hecho para su buen logro cuanto ha estado a nuestro alcance. Temerario es en verdad nuestro proyecto. Jóvenes que empezamos a recorrer la senda de la vida, y que hace un año no habríamos tomado la pluma mas que para seguir correspondencia con nuestras amigas, hoy sin guía ni experiencia nos lanzamos a sostener importantes cuestiones, cargando al hacerlo con inmensa responsabilidad: Mas la sana intención que nos anima atenuará algún tanto tamaño atrevimiento. Quedarnos estancadas en la estrecha senda que tan perezosamente trillaron nuestras abuelas, sería atrasar mucho en el siglo de las luces, de la ilustración y del vapor: nosotras estamos precisadas a caminar al par de los adelantos de la época : no podemos desperdiciar el único medio que se nos presenta de coadyuvar de algún modo a los progresos de los hombres: somos obligadas a seguir el ejemplo que nos han, trazado al lanzarse al vasto campo de la civilización y las mejoras generales, excepto a la más importante, a la del desarrollo de las facultades intelectuales de la mujer. ¿Por qué pues no le hemos de procurar nosotras? Nace el ruiseñor y lanza un caudal de armonía; bulle el arroyo y exhala un murmullo; nace la rosa y vierte su perfume; ¿Y nosotras somos de peor condición? ¿ A nosotras, seres racionales en cuya frente brilla el sello de la divinidad nos ha de ser vedado lo que es permitido a un ave?¿A un Río?¿A una flor? Pesad nuestras palabras y ver si en esta, como en otras ocasiones, está la razón de nuestra parte.


Y no se crea que al expresarnos así tratamos de invadir atribuciones que en manera alguna puedan adunarse con la tranquilidad de nuestro carácter y la debilidad de nuestra naturaleza. Lejos de nosotras tan absurdo propósito. Rijan en buena hora los hombres los destinos del Estado desde el mundo del poder. Lleven con sus armas vencedoras sus repetidas victorias en los confines del globo. Viertan sobre el papel pensamientos que los inmortalicen, y graben con caracteres de oro sus nombres en la historia. Nuestra ambición es más limitada, más noble. “Mejorar la situación de la sociedad por medio de la instrucción de la mujer, y defender la causa de sus derechos; he aquí el lema de la bandera que hemos enarbolado, y bajo la que vienen a alistarse de continuo nuevos ingenios femeniles. Más concluyamos por hoy.

Si soportamos en nuestros débiles hombros una carga que hasta el presente siglo ha pesado sobre el sexo fuerte, salvando raras excepciones; si arrastramos el anatema que esta fulmine sin cesar sobre las que nos arrogamos derechos que juzgó eran patrimonio exclusivo suyo; si haciendo frente a todos los obstáculos recorremos ser sin vacilar la áspera senda a la que nos hemos lanzado, es, lo repetimos, para proporcionar a la sociedad, por medio de la ilustración de nuestro sexo, bienes incalculables, que bajo ningún concepto pueden ser desconocidos, y para afianzar sobre sólidos cimientos el vacilante trono de la mujer

M V D

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martes, 11 de septiembre de 2018

Las Primeras universitarias en España ( y II )


 
Las Primeras Universitarias en España, de Consuelo Flecha García, Catedrática de la Universidad de Sevilla, tuvo en mi blog una primera entrada relativa al acceso a la Educación Primaria de la mujer  que publicamos a principio de verano. Hoy la continúo como segunda entrada divulgativa de un mismo texto, imprescindible para entender el proceso de incorporación de la mujer  a la Educación Superior. El trabajo está publicado por Narcea, S A Ediciones, Madrid 1996, con la ayuda de la Direción General de Libro, Archivos y Bibliotecas del Ministerio de Educación y Cultura.

El tesón, dice Flecha, fue la postura de las mujeres ante las dificultades. Mª Elena Masseras había pedido permiso al Rey Amadeo I para poder cursas estudios secundarios y luego acceder a la Universidad; el rey se lo había concedido. Como ella, una vez conseguido el título de bachiller, algunas mujeres decidieron matricularse en la Universidad. El que hubiese una laguna legislativa fue positivo, ya que no había ley alguna que lo impidiera; los legisladores no habían pensado ni siquiera en la posibilidad de que las mujeres quisieran matricularse. Cuando lo hicieron y se presentaron al acceso de Examen de Grado, fue sorpresa inesperada. Las tres primeras se matricularon en Medicina, primera carrera cursada por una mujer, seguidas por las que lo hicieron en Farmacia y Filosofía y Letras.

1873
A partir de esa fecha las mujeres tuvieron presencia en las Universidad de Barcelona, Valencia Valladolid y Central de Madrid.
1881
Se recogía en prensa la noticia de que el Consejo de Instrucción pública se había reunido para hablar de la enseñanza de la mujer y había optado por la solución de permitirles estudiar, ya que era beneficioso para la familia y la educación de los hijos, pero no permitirles ejercer la profesión. Se discutió la idoneidad de crear Institutos de Segunda Enseñanza exclusivos para mujeres, pero no dejarlas estudiar mientras no se hubieran construido centros escolares exclusivos de mujeres, con lo que demoraban así la respuesta. El periódico La Iberia contestaba pidiendo rapidez en la solución, poniendo como ejemplo los países europeos. El debate sobre el tema se convirtió en actualidad.: El Consejo de Instrucción Pública abrió sesión para discutir sobre ello y argumentarlo, en el que intervinieron el marqués de Pidal; Matías Nieto Serrano; Mena Zorrilla, el marqués de Retortillo; Tomás Santero; Juan Magaz; José Calvo, Gaspaz Núñez de Arce y otros. Hace constar las posturas tomadas en las que incluye la actitud desfavorable de la autoridad eclesiástica, Obispo auxiliar de Madrid Ciriaco María Sancha Hervás.

La doctora Fecha sigue el debate con minuciosidad y  las controversias académicas y ministeriales, que oscilaban desde la posibilidad de que estudien, de que no estudien, de que no ejerzan o de que ejerzan las que en aquel momento presente habían cursado estudios académicos con brillantez, pero no las que quisieran hacerlo en lo sucesivo. Se cerraría así el acceso a la Enseñanza Superior a quien no lo había ya cursado. Se aceptaba a regañadientes a las ya eran Licenciadas o Doctoras, como Dolores Aleu Riera y Elena Masera Rivera, con Doctorado en Medicina.

Las aspiraciones de las mujeres inquietaron a la sociedad de una época no acostumbrada a que las mujeres pudieran tener otra forma de vivir la realidad que la acostumbrada como ejercerla siendo el “ángel del hogar” y no optando por una forma de estar en la sociedad que aceptara e incluyera a los ángeles del hogar como profesionales, en igualdad con los hombres, con capacidad de ejercer sus profesiones y ejercer un trabajo remunerado. Era la lucha por ocupar un espacio tanto social, como personal, ganar el propio espacio en una sociedad moderna. Las que lucharon por conseguirlo, apoyadas en casi su totalidad por sus propios padres, no intuyeron posiblemente la trascendencia social, y no solo lo individual, de su lucha, afirma la doctora Flecha. Todavía quedaba un largo camino por recorrer lleno de trabas, si no siempre jurídicas, administrativas. Era ir de derecho adquiriendo posiciones favorables a su inclusión académica; aunque otra, de hecho, que pudieran alcanzar lo deseado, dadas las farragosas trabas burocráticas que tendrían que superar

La educación de la mujer, que había venido pidiéndose por algunas mujeres avanzadas nacidas en el primer tercio del siglo XIX ( movimiento de mediados de siglo con Sofía Tarlilán, Faustina Sáez de Melgar, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Carolina Coronado, Pilar Sinués o Tadea Verdejo, que escribieron pidiendo la instrucción en revistas hechas por ellas y leídas por mujeres, es afirmación mía) se convirtió en tema de actualidad y de polémica académica, jurídica, política con posturas encontradas escritas en prensa abierta a todos los lectores. De todo ello Flecha da constancia.

1882  -1887
 La decisión de aceptar lo ya hecho pero impedir que pudiera darse en lo sucesivo fue publicada como Real Orden.. Retrocedía hacia la decisión,incluso, de que las mujeres no pudieran cursar Segunda Enseñanza. La insistencia femenina hizo que esa orden fuera quebrantada al año siguiente, 1883 en que se autorizaba a cursar Enseñanza Media pero no estudios universitarios.

1888- 1900- 1910

Se autoriza a cursar Enseñanza Superior de una manera muy restrictiva a través de otra Real Orden, con cautelas, dice la autora y con reticencia por parte de los rectores que exigían que la dirección General de Instrucción Pública les comunicara la Orden y ponían todas las trabas burocráticas de que eran capaces. Se consideraba que estar en un espacio común con los varones, podía alterar el orden, de tal manera que el Rector debía garantizarlo y dar su conformidad. En algunos casos, los catedráticos aceptaban acompañar a la alumna a la entrada y salida de clase, reservándole pupitre a su lado; en otros, la negativa hacía que las alumnas no pudieran cursar oficialmente la materia y tuvieran que hacerlo por libre y examinarse en septiembre con distintos profesores de los que la habían impartido. Las que se matricularon cuando entro en vigor la Real Orden de 1888, tuvieron que atenerse a las condiciones de esa normativa. El estudio de los nombres de aquellas que consiguieron acceder a la Universidad y cursar estudios de Doctorado y las trabas que fueron capaces de superar, hace de este trabajo una obra importante y rigurosa. Sigue la catedrática Flecha los debates, las órdenes y contraórdenes, y documenta todos y cada uno de los expedientes académicos y las Facultades en que se matricularon.

El aumento de las matriculadas de la década de 1900 a1910 se extiende a varias universidades españolas, Madrid, Barcelona, Sevilla ( ubicada en Cádiz) Valladolid, Salamanca o Santiago de Compostela. Hemos hablado en otras entrada de alguna , así María Goyri, matriculada como alumna libre en la Universidad Central en el curso 1991-92, cuya trayectoria inicial sigue Consuelo Flecha. Goyri que asistirá como estudiante al congreso Pedagógico de 1892, donde Concepción Arenal y Emilia Pardo Bazán presentaron ponencias a favor de la educación femenina., será una de las profesoras de la Institución Libre de enseñanza. De las 44 mujeres que se matricularon en las Universidades españolas antes de finalizar el siglo, cita a las primeras Doctoras en Medicina, a las mencionadas, Aleu y Massera, siguen Marina Castell, Dolores Leonard y María Luisa Domingo. En 1893 se doctoran en Farmacia – Eloisa y MºDolores Figueroa Martí, de la Habana- y de Filosofía y Letras en 1891 Teresa de Andrés ; en 1892, Ángela Garrafa; 1894 Matilde Padrós. Veinticinco obtuvieron antes de 1900 el título de Licenciadas y fueron 33 las que se matriculan


 Aconsejo a los lectores interesados buscar el texto que hoy comento ya que contiene información rigurosa, extensa, documentación y bibliografía.

En la primera década del siglo XX, un número de 77 alumnas se van a incorporar a la Universidad. En 1904 el pedagogo Bartolomé Cossío es nombrado Catedrático de la Universidad Central en la asignatura de Pedagogía Superior, nueva asignatura de Filosofía y Letras, cursando la materia algunas alumnas que ya ejercían como maestras o profesoras de la Escuela Superior de Magisterio y querían acceder a un título universitario. Dos de las que después serán más con conocidas, María de Maeztu, maestra en Bilbao, cursó la asignatura en la Universidad de Salamanca, Gloria Giner en la de Barcelona. La ampliación de estudios desde Magisterio a Pedagogía va a ser una oportunidad.
Entre las licenciadas en estas fechas, había una navarra, Juana Clotilde Echevarría Madoz , la primera navarra que sepamos, nacida en Vera de Bidasoa el 3, 6, 1884. Cursó la carrera de Farmacia en la Universidad de Valladolid y obtuvo el título de Licenciada en Farmacia en 1907.

Trabajo el que hoy comento, exhaustivo y rigurosamente documentado, por académico. Y lo que es muy meritorio, por la dificultad de documentarlo, los nombres de las universitarias, sus expedientes, fecha y lugar de nacimiento, Institutos donde cursaron la Enseñanza Media, notas académicas, Universidad donde se matricularon, Facultades donde estudiaron, fechas de matriculación y de fin de carrera. Un relación documental de las cincuenta y tres mujeres que lo lograron y veinte tres más que lo intentaron.

1910
El debate público hizo que la sociedad más receptiva aceptase que las mujeres pudieran cursar estudios superiores, se abría así una puerta para una “minoría minoritaria” aún. Se aprueba la legislación que permite que las mujeres cursen Enseñanza Superior en igualdad con los hombres y que se incorporaran a la vida estudiantil acádémica oficial de las Universidad española.
la de 8 de marzo y la de 2 de septiembre, publicadas en la Gaceta de Madrid el 9 de marzo y el 4 de septiembre de 1910
la de 8 de marzo y la de 2 de septiembre, publicadas en la Gaceta de Madrid el 9 de marzo y el 4 de septiembre de 1
 Este trabajo recoge a las mujeres que estudiaron en las universidades antes de esa fecha. Mis conclusiones:

No existen muchos datos comunes de aquellas mujeres universitarias con respecto al lugar de nacimiento, ni profesiones paternas, cada mujer es su propio caso, a veces las mujeres Doctoras en Medicina tiene padre médicos a los que quieren imitar o heredar la consulta, aunque hay otros dedicados al comercio o son terratenientes. Las hay nacidas en Madrid, Cataluña, Castilla, Andalucía, Baleares o Aragón, de grandes capitales y de provincias. Las numerosas matriculadas en Farmacia tal vez lo hicieran porque para todas aquellas mujeres universitarias era importante la posibilidad de hacer compatible su carrera con su función de madre y de esposa, cosa que Farmacia les permitía. Muy numerosas y conocidas son las que accedieron a Filosofía desde la Pedagogía y el Magisterio Superior,  en un momento político centrado en la enseñanza como trasformación social. La educación de todas las capas sociales en España será primordial conforme va avanzando el siglo para un grupo de intelectuales influyentes alrededor de la Institución Libre de Enseñanza. Dato común en todas ellas el tesón, la constancia y la habilidad para, sin enfrentamientos, sortear los obstáculos. Comunes sufrieron las reticencias académicas de los rectores y catedráticos; o las políticas y jurídicas de hombres que, a pesar de su altura social, o precisamente por ello, temían el cambio. Y característica común, entiendo, la defensa a ultranza de sus familias, en este caso de los padres, que lucharon con sus hijas y por ellas ante instancias superiores para conseguir que  consiguieran lo que entendían les correspondía: La excelencia académica y la profesionalización del trabajo. Las mujeres que estudiaron lo hicieron no como un lujo, sino para ejercer la profesión, ya que buscaron la instrucción como mejora social y personal y ampliación de su espacio

¿Estaba todo conseguido? Creo que no. Es opinión mía que hay en la Historia, y hubo en el siglo XX, sus avances y retrocesos. Avances desde esa fecha hasta 1931, época de las tres primeras Licenciadas en Derecho de la República, Victoria Kent, Clara Campoamor y Matilde Huici. Es 1936, fecha de las Licenciada en Arquitectura, Matilde Ucelay. Retrocesos legales, sociales y políticos se dieron a partir de 1939 que no impidieron, quizá ralentizaron, el acceso de la mujer a la Universidad, aunque sí cerraron ciertas carreras u oposiciones. Poco a poco las universitarias se hicieron numerosas en toda España.

1975.
Avances masivos, como alumnas y como docentes, Catedráticas, y Decanas. Pero sigue la lucha, no todas pudieron alcanzar lo merecido, sigue todavía siendo minoritaria la mujer en puestos de responsabilidad académica, por ejemplo Rectorados de Universidad.

Las mujeres casadas de la posguerra, que, aun siendo universitarias, nos vimos en cierto momento aconsejadas o socialmente condicionadas por volver a ser “angélicas”,  tropezamos- es mi caso- con la misma dureza competitiva  y tozuda de aquellos catedráticos o políticos o intelectuales decimonónicos del siglo XIX,  que en pleno siglo XX nos seguían queriendo con la pata quebrada y en casa.¿Cuestión de pérdida de estatus masculino? ¿Miedo profesional? ¿Para qué querrá el doctorado una mujer casada y con hijos?

Pero todo eso merece un estudio que, entiendo, aún no está hecho.

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