MALÓN DE CHAIDE y ELOGIO DEL VINO
DE CASCANTE
La Bodega de Cascante lleva en
sus caldos un nombre literario, el del escritor ilustre del Cascante del siglo
XVI, de prosa lujosa y encendida, el agustino Pedro Malón de Chaide. Es
interesante señalar que también era poeta y que en su poesía elogiaba el vino. Se apoyaba en Los Salmos
y daba gracias a Dios por ese licor que da alegría y combate su pena negra y su
tristeza
Bien podía nuestra bodega
utilizar sus versos en el diseño de las botellas, pues ¿quién puede
enorgullecerse de que sus caldos hayan sido cantados por uno de los reconocidos
escritores del siglo XVI, paisano nuestro? ¿Quién puede ilustrar sus botellas
con unos preciados versos de un místico?:” Que grandes son tus obras, señor
de lo creado
“Riegas las
viñas, donde
nace el licor
que alegra
el corazón
humano
y quita con
su mano
la vil
melancolía, escura y negra
Fray Pedro saborearía los vinos de Cascante,
seguro que sí, pues no era vicio sino tradición conventual que los frailes de
muchas órdenes religiosas cultivaran la tradición vinícola elaborando buenos
caldos y licores espirituosos. El elogio del vino ya viene en la Biblia y en el
Evangelio porque hasta Jesús de Nararet convirtió el agua en vino; y en la
última cena, también había vino. El buen vino no es un vicio, vicio es la
borrachera. El vino, como un buen poema,
hay que saber paladearlo. Así dice el poeta hebreo de Tudela (S.XII) Yahuda Ha
Levy
“Las
copas sin vino son pesadas, son arcilla como las vasijas de barro, más al
llenarlas de vino se hacen leves lo mismo que los cuerpos con las almas”
El historiador Juan Ignacio
Fernández Marco documenta en la tradición vinícola de Cascante los términos
agrícolas donde había plantaciones de vid, la existencia de bodegas para de
trasformación del fruto y la conservación durante la Edad Media. Esta tradición
se va a continuar en los siglos XV, XVI y XVII, bajo las normas dictadas por el
Concejo cascantino que marcaba los salarios y precios. Se elaboraban blancos y
tintos en las bodegas particulares, situadas en los bajos de las casas con
lagos excavados debajo donde se decantaba y fermentaba el mosto. En el siglo
XVIII, durante el Antiguo Régimen, se siguió con esa tradición; los productos
vinícolas eran consumidos en el pueblo y los excedentes se vendían por los
particulares a los arrieros, pero fue condición imprescindible que no saliera
el vino para la venta foránea sin que estuviera abastecida la producción
local. El vino preferido era el tinto y la variedad de uva, la
Garnacha. Parece que el cultivo de la vid fue aumentando en el siglo XIX,
siendo las familias más hacendadas las que tenían su propia bodega en la casa;
se contabilizaban 210 bodegas particulares. La cosecha de vino y las
plantaciones de viñas se habían duplicado. Era de obligado cumplimiento que
diera orden el Ayuntamiento del inicio de la vendimia y el precio de los
jornales; regía la orden de que no se podía vender el vino nuevo mientras no se
vendiera el vino viejo. Ya existían bodegas privadas importantes donde los
pequeños productores llevaban sus uvas, aunque también seguían existiendo
bodegas particulares y algunas fábricas de aguardientes. La elaboración del
vino de mesa se iniciaba con el pisado a pie de la uva, decantándose el mosto
en lagares y siendo trasvasados a cubas, embotellándose el vino para consumo
propio y para el comercio. Alguna afamada bodega obtuvo premios
internacionales. La Bodega de los Guelbenzu obtuvo una medalla en la Exposición
de Navarra de 1880, en Burdeos en 1882 de oro en la Barcelona en 1888, Obtuvo
premio la bodega de los Ximénez de Allo (Varela) Esta forma de elaboración
continuó hasta mediados del siglo XX
Remontémonos más lejos aún en
la tradición: Es desde la época de la romanizada Cascantum,
desarrollada a partir de la primitiva ciudad celtíbera Kaiskata, cuando tenemos
constancia del cultivo de la vid en nuestros campos. El
primer descubrimiento de esa tradición vinícola fue el hallazgo en 1952 de un
ánfora vinaria de 35 litros situada en el emplazamiento de la actual bodega, en
el término llamado la Torrecilla. Era la primera ánfora completa encontrada en
Navarra y la arqueóloga M ª. Ángeles Mezquiriz la dató del siglo I a E. Debió
existir posiblemente otra bodega, debajo de la actual bodega. Desde este
programa quiero rendir memoria a la doctora arqueóloga María Ágeles Mezquiriz,
recientemente fallecida.
Los antiguos moradores
de Cascantum cultivaban la vid y elaboraban vino que consumían
y con el que comerciaban ya que debió ser una riqueza agrícola consolidada. Podrían decir como los
latinos:
“Vinum bonum laetificat cor hominis"
El buen vino alegra el corazón del hombre, lo mismo que
diría Malón de Chaide muchos siglos después. Continúo la tradición lírica con mi
poema dejando hablar al vino tinto:
Tinto sabio, mi
cuerpo es el otoño.
Yo soy cielo
granate que tiñe nubes rojas.
Yo soy tarde de
octubre cuando se incendia y clama.
Yo soy hojas
bermejas de pasión que titila
Yo soy sorbo de
fuerza de la vida que bulle.
Yo soy sabiduría
esperando el descorche.
Yo soy la abuela
tierra y la lengua que narra.
Yo soy duende en
botella, leyenda y dadivoso.
Me ocultas en
barricas, luego nazco y me escancias
y estoy aquí
contigo, sonriendo en tu copa.
Las nuevas excavaciones
arqueológicas han dado como resultado el descubrimiento de la villa
romana de Piecordero, yacimiento en proceso de excavación con
estructuras constructivas con distintas fases de ocupación que alberga una
bodega. Se estima su datación de los siglos I d E hasta siglo III d. C Tiene
530 m cuadrado, ocupando 220 m la bodega excavada, con dos prensas de viga y
dos lagos. Su extensión parece demostrar que no era solamente el producto para
el auto abastecimiento, sino que debieron comerciar los cascantenses en el
mercado nacional y lo exportaron. Cascantum, perteneciente a la provincia
romana Tarraconense, dentro del convento Cesaraugustano, tuvo unas buenas
comunicaciones para exportar sus vinos al mercado. La vía romana comunicaba la civitas
con Calahorra, y Zaragoza. Esa tradición debió continuarse a la caída del
Imperio romano con las invasiones y la configuración de nuevos modos sociales.
No se tiene conocimiento de la producción
de vino en los siglos de dominio musulmán. Cascante perteneció a la Marca
Superior de al-Ándalus, en el Valle del Ebro, e imaginamos que no habría
nuevas plantaciones, dada la prohibición de beber vino en la religión
mahometana. Y, aunque sabemos que hubo sultanes que prohibían la plantación de
viñas para impedir que se bebiera, aún prohibido se bebía. Los poemas
báquicos de poetas andalusíes, y entre ellos los del Ciego de
Tudela, Al-A’mà Al-Tuṭīlī (SXI), parecen demostrar que sí lo hacía al
menos la población más permisiva o de costumbres más licenciosas. El canto al
vino, después del tema del amor, es, sin lugar a dudas, el asunto que más y que
mejor inspira al Ciego de Tudela y aparece una y otra vez el vino y sus
efectos, o el copero que lo sirve como en los versos de esta moaxaja
“¡Qué bello el copero: su brillante
cabellera, desplegada en rizos; su cuello como de ciervo blanco, su talle de
palma; tímidas y seductoras sus miradas de gacela
Como un ángel se ha alzado sobre sus
largas y torneadas piernas para escanciarnos el vino.
El vino copiaba el color de sus mejillas y
de sus labios de fresa”
Tal vez el vino era afrutado, más parecido al rosado de
ahora, pero más especiado. Y me animo a continuar la tradición poética con mi
poema dejando hablar al vino rosado:
Rosado frío,
robador de rosas.
Soy un encuentro
suave cuando llega el verano.
Conmigo el mediodía
se hace brisa de amigo
si penetro en
vosotros, afrutado y bucólico.
mi cuerpo es un
labriego juvenil y artesano
y mi piel son
racimos de rubíes y pétalos
Cuando el calor
acecha, soy sonrosado arroyo
que fluyo en
vuestro sorbo vuestra sed atempero.
La luz del sol
tintada de cristal se torna si me bebes
y estoy aquí
contigo, sonriendo en tu copa.
Volvamos a la historia cercana, El cultivo
de la vid fue aumentando en el siglo XIX, siendo las familias más hacendadas
las que tenían su propia bodega en la casa. En el siglo XX la cosecha de vino y
las plantaciones de viñas se habían duplicado. Existían bodegas privadas
importantes donde los pequeños productores llevaban sus uvas, como la de Angós
o la de Chivite, aunque también seguían existiendo bodegas particulares y algunas
fábricas de aguardiente, como la de Fuentes, luego de Lizarbe, o el vino dulce
y seco del boticario Orduna, o el anís del también boticario Martialay. En 1951
los propietarios de viñedos quisieron mejorar sus condiciones de producción y
venta y se unieron para consolidar una empresa vinícola común, una Bodega
Cooperativa que defendiese los intereses de los socios. 230 viticultores se
reunieron en mayo de 1951 y acordaron por unanimidad en Asamblea General formar
una Junta que gestionase la constitución de una la Bodega Cooperativa. Ya en
mayo de ese mismo año se comenzó la construcción de la bodega que estuvo
concluida y que se inauguró el 6 de octubre de 1953. Se bautizó Bodega
Cooperativa de Nuestra Señora del Romero, en honor a la Virgen patrona de Cascante; La empresa
vinícola fue creciendo y en 1964, necesitó una ampliación, cuyo resultado
fueron unas instalaciones para 5.000000 de kilos de
uva. Posteriormente, en 1976, hubo una nueva ampliación para
9´5millones de litros. En 1982 la bodega de Cascante se asoció con la bodega de
Los Arcos, con capacidad para 2.000.000 litros y en 1993 se aprobó una nueva
fusión, esta vez con la cooperativa San José de Sesma. Hoy con
las fusiones efectuadas La Bodega Malón de Chaide está presente en
tres subzonas de la denominación de Origen Navarra: Ribera Baja, Ribera Alta y
Tierra Estella. La Bodega siguió ampliando sus instalaciones hasta la última
efectuada en 2005. Actualmente tiene una cabida total de 12. millones de
litros en la de Cascante y 2 millones en la de los Arcos, con un recinto de
27.000 m2 con capacidad para 12.000.000 litros y 2.000
barricas. Se la conoce por no por su nombre oficial sino por su nombre
comercial: Bodega Cooperativa Malón de Chaide, que hace referencia
a una de las más prestigiosas marcas de sus vinos. Elabora sus caldos con
uvas variedad Garnacha, Tempranillo y Cabernet Sauvignon, para sus tintos y
rosados y Chardonet y Viura para sus blancos
El vino blanco ha ido sumando adeptos, es
ligero y quita el calor en verano, se consume mucho a la hora del aperitivo. Yo
le doy voz y me despido:
Blanco de
adolescencia, en mi bouquet
se ha posado la luz
blanca de amanecida.
Tintinea con el sol
el cristal, lo acampana
y, a través de mi
aroma blanco, sorbes paisaje.
En este verde
borde, frágil, resplandeciente
las cepas
bailarinas retorcidas se abrazan.
Pongo el vino en tu
boca, sus añadas degustas
y tu mano sostiene
mi caricia verdeja.
Tremola su bandera
por las parras del aire
y estoy aquí
contigo sonriendo en tu copa.
Queridos paisanos y amigos. Blanco,
Rojo o Rosado, celebremos las fiestas haciendo honor a nuestro vino. Dos cosas:
Que sea de nuestra bodega Malón de Chaide. Seamos moderados
Viva Cascante. Felices fiestas.
Pamplona, 8, 7, 2026
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